lunes, abril 13, 2009

Psicología. Síndrome del "creyente"

La Jornada

El reino del emperador Xenu
Sergio Ramírez


La Iglesia de la cienciología fue fundada en 1954 por el más inesperado de los profetas, el escritor de ciencia ficción L. Ron Hubbard. Si uno lo pone bajo la lupa literaria, resulta menos que mediocre en sus elucubraciones acerca de los misterios del espacio, pero con esas mismas fantasías baratas ha ganado millones de creyentes para su religión, entre ellos nada menos que una pléyade de estrellas de la pantalla: Tom Cruise, John Travolta y Jack Nicholson, para empezar.

Hubbard podrá no pasar del nivel de la historieta, marcianos de piel verde y platillos voladores que se hicieron populares en esa década de los 50 en que fundó su religión, pero su sistema teológico se basa precisamente en los guiones salidos de su pluma. De modo que para sus feligreses es incontestable el hecho de que un día en el lejano pasado extraterrestres llegados en naves planetarias se adueñaron de nuestros cuerpos y nos pusieron dentro sus propias almas. Somos, por tanto, seres venidos de estrellas lejanas, metidos en nuestra envoltura terrenal. Artículo de fe y, por tanto, la piedra sobre la que construyó la Iglesia de la cienciología, lo mismo que el sistema financiero secreto en que se ampara, con ramificaciones en todo el mundo y cuentas cifradas por centenares de millones de dólares en bancos de los paraísos fiscales.

Una teología eficaz y productiva. El espíritu de los mortales es conocido en los arcanos de la cienciología como tethan, término que es, por supuesto, de la invención del propio profeta Hubbard. Al morir una persona, el tethan deja el “cuerpo-tethan”, y el ritual fúnebre convoca a los feligreses para desearle al fallecido un buen viaje hacia las regiones siderales. Al fin y al cabo, nos ha advertido ya el profeta Hubbard, cuando nos liberamos de nuestro cuerpo mortal regresamos a nuestra constelación de origen.

El objeto del viaje de regreso es encontrarse cara a cara con Xenu, el gran emperador alienígeno que mora en los espacios siderales, pero para que ese encuentro personal se dé es necesario haber alcanzado un alto grado de perfección aquí en la Tierra.

Hay varios grados de perfección, que reciben el nombre de OT, y mientras más grados uno logra ganar, más de cerca podrá contemplar el rostro de Xenu, igual que cuando se acumulan puntos en las líneas aéreas. A más puntos, un destino más largo.

De la cienciología, el profeta Hubbard derivó hacia la dianética, forma superior de pensamiento filosófico que tiene por base la autoayuda, ofrecida hoy día como panacea en miles de manuales, tantos que se han adueñado de las librerías como una plaga bíblica. La dianética, o ciencia moderna de la salud mental, no es toda la autoayuda, porque también entran en ella ¿Quién se ha llevado mi queso?, de Spencer Johnson, y El alquimista, de Pablo Coelho, por ejemplo; pero propone un método muy simple para la cura espiritual: como en las ciencias contables, lo que necesitamos para superar nuestros sufrimientos es una buena auditoría, mediante la que uno puede descargar sus engramas, que son algo así como los detritus del alma. Cuando comparezcamos ante el gran Xenu en las galaxias, debemos estar lo más limpios que sea posible.
Pero además de curar los espíritus y traerles la paz, la cienciología, y su hermana gemela la dianética, tienen poderes curativos. Según afirma Tom Cruise, el héroe de Misión imposible, en declaraciones a la revista Xl Weekly, los métodos de su iglesia fueron capaces de curarlo de la dislexia que sufría desde niño, enfermedad que lo hizo temer que sería un idiota, o un anormal, por el resto de su vida. No podía concentrarse en sus tareas escolares, sufría ansiedad y frustración, y se aburría horriblemente; y cuando se graduó en la escuela secundaria, en 1980, no era más que un analfabeto funcional. ¿Cómo aprendió a leer de corrido? Con el método terapéutico que el propio profeta Hubbard escribió, previendo seguramente que alguno de sus feligreses tendría en el futuro problemas de comprensión tan graves como el de Cruise.

John Travolta y su esposa, la actriz Kelly Preston, recibieron los consuelos espirituales de la Iglesia de la cienciología a la muerte de su hijo Jeff, ocurrida hace algunos meses en las Bahamas. Porque los sacerdotes cientólogos no se ocupan sólo de la dislexia, o de la mejor manera de enfrentar a los inspectores fiscales, que los han perseguido en no pocas ocasiones, sino también del más allá, pues ya sabemos que se trata de una Iglesia que considera el viaje eterno como un asunto de abordar platillos voladores más que la barca de Caronte, y se preocupa de que los pasajeros suban a las naves espaciales a tiempo en el puerto de la eternidad, como una compañía aérea que, además de puntos, ofrece un eficiente servicio.

La próxima vez que se sienta en desánimo, triste o desalentado, asómese a la ventana y mire hacia las estrellas. A lo mejor el gran Xenu lo está observando y le enviará un alma sana de repuesto a bordo de un platillo volador, para que venga a sustituir a la suya, tan atormentada. Si no se gana los millones de Tom Cruise, uno de los grandes proveedores de las arcas de la Iglesia de la cienciología, al menos sabrá que el espacio infinito es suyo y que ya tiene en la mano su tíquet para subir a la nave espacial, no importa que sea uno de esos anticuados platillos voladores de mediados del siglo pasado.

http://www.sergioramirez.com

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